Tradiciones vivas de China

Así se sigue bebiendo té en China: en una mesa baja dentro de una tienda, en una casa de té bulliciosa, junto al fogón de una casa de montaña y, a veces, con cuchara, como si fuera sopa.

Una tetera de barro y tazas de oolong sobre una bandeja de bambú
Ilustración

La más íntima de estas costumbres es el gongfu de Chaozhou: una tetera diminuta, tres tazas de 25 a 35 ml cada una y un hornillo de carbón. Descrito por primera vez en 1801, figura desde 2022 en una lista de la UNESCO. A partir de 1971 creció en Taiwán como el movimiento chayi, que añadió al juego la jarra de reparto y la taza de aroma, introdujo un examen para maestros del té y en 1990 celebró el primer encuentro wuwo, donde no hay anfitrión ni invitado. Allí también tomó forma el chaxi moderno: una mesa de té dispuesta en torno a un solo té y una sola idea. En 2005 Qiao Musen contó en él nueve elementos.

A una casa de té se va a buscar asiento y compañía. En Cantón el té llega con dim sum. En Sichuan se vierte agua hirviendo desde una tetera de cobre con un pico de hasta un metro de largo, y en Beijing, desde 1979, un cuenco de «té de cuenco grande» costaba 2 fen.

En el sur y el suroeste, el té se vuelve comida. Los pueblos de Yunnan tuestan la hoja en una olla de barro junto al fogón y solo después vierten el agua hirviendo, y los bai de Dali lo sirven en tres tiempos. Los hakka machacan el lei cha en un mortero estriado con sésamo y cacahuetes, y los yao y los dong de Guangxi majan el you cha con jengibre en una olla de hierro fundido.

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