Material de los utensilios de té y cocción

El precalentado y la masa de la pared importan más para la taza que el tipo de arcilla. El color y la densidad se deciden en el horno.

Un horno escalonado de varias cámaras, de barro y ladrillo, bajo un tejado de cobertizo
Foto: T.Kiya from Japan, CC BY-SA 2.0, recortada

Los utensilios de té vienen envueltos en leyendas, y laboratorios de Taiwán, Japón y la China continental han puesto a prueba buena parte de ellas. Midieron el material en sí: la arcilla zisha tiene una porosidad del 8–13 %, frente al 2,4–2,6 % de la porcelana, mientras que la porcelana conduce el calor solo un poco mejor. El sencha preparado en arcilla rica en hierro salió con aproximadamente una quinta parte menos de taninos que el preparado en porcelana, sin diferencia en aminoácidos. Lo que más pesa es el precalentado: en un recipiente frío de 100 ml, el agua se enfría unos 20 °C en un minuto. La «respiración» de la pared y la «memoria» de la tetera son interpretaciones, no mediciones.

La densidad del cuerpo, y con ella la porosidad, se fija durante la cocción. Cuando al horno le falta oxígeno (CO del 4 % en adelante), el hierro de la materia prima tiñe el esmalte de un verde azulado celadón y el cuerpo queda gris; con oxígeno de sobra, los tonos pasan a amarillos y pardos. El zisha se cuece a 1100–1200 °C; la porcelana llega a unos 1300 °C y sale absorbiendo apenas un 0,5 % de agua. La cocción a leña se valora por sus cenizas y su imprevisibilidad, pero no hay pruebas sólidas de que cambie el sabor del té.

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