Té en Oriente Medio y Asia Central

Del Magreb a Mongolia se bebe mucho té y sin prisa, pero cada lugar lo prepara a su manera: sobre el vapor, rebajado en el vaso, vertido en un cuenco o hervido en un caldero.

Un vaso de tulipán con té negro, un vaso de té verde con menta y un cuenco sin asa
Ilustración

Turquía y Azerbaiyán beben té negro de cosecha propia; Turquía lo cultiva en torno a Rize desde 1938. Un concentrado fuerte de la tetera de arriba del çaydanlık se rebaja con agua hirviendo en el propio vaso, un ince belli de unos 125 ml. En Irán el té reposa en un guri colocado sobre un ketri o un samovar, y se bebe a sorbos a través de un terrón de azúcar sujeto en la boca. Los afganos añaden cardamomo. Los países árabes apenas cultivan té, pero lo beben a toneladas: Egipto consumió 86 104 t en 2022, casi todo té negro, fuerte y dulce, en un vaso pequeño. En el Magreb el té es el atai, té verde chino gunpowder con menta que se sirve desde lo alto para que haga espuma, y la costumbre es tomar al menos tres vasos.

En Asia Central el té es verde. En las chaikhanas de Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán la infusión pasa tres veces de la tetera a la piala y de vuelta, y al invitado se le sirve el cuenco lleno a un tercio o a la mitad. En la estepa mongoles, buriatos y calmucos no infunden el té, sino que lo hierven: té prensado en ladrillo, leche, sal y mantequilla cuecen juntos en un caldero unos 15 minutos.

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